LA BIBLIOTECA MÁS COMPLETA DE SU ÉPOCA

FRANCISCO DE MIRANDA FUE UNO de los más importantes bibliófilos de su época y, sin ninguna duda, el suramericano que logró reunir la biblioteca más completa de las que existieron en la segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del XIX. En numerosas ocasiones viajó con sus libros cargados en baúles, de los que no se desprendía ni siquiera cuando participó en las guerras donde tomó parte. Compró libros en varios continentes y fue organizando una de las más completas librerías, tanto por el número de volúmenes como por los autores que fue coleccionando.


Leía en varios idiomas (español, latín, griego, francés, inglés e italiano) y tenía a sus libros como el bien más preciado, junto a la propia libertad. En su testamento legó los volúmenes de los autores clásicos latinos y griegos a la Universidad de Caracas, pero el resto permaneció en su casa de Londres, ocupando entera de una de sus plantas, al cuidado de la que fue ama de llaves y madre de sus dos hijos, Sarah Andrews Hewson.

 



Residencia de Miranda en Londres, actualmente consulado de Venezuela

 

Varios años después de su muerte, sus acreedores forzaron la venta de la biblioteca londinense para hacer frente a las deudas que contrajo en vida. Por ese motivo, su imponente biblioteca, el alma de una vida, fue liquidada en Londres por la casa de subastas Evans en dos tandas, 1828 y 1833, ya que el mercado librero de entonces no era capaz de absorber de golpe, en una sola almoneda, lo que en vida coleccionó el general.


Se vendieron en total 1.851 obras en 5.600 volúmenes y únicamente se salvaron de la subasta los clásicos grecolatinos que, por deseo de Miranda en su testamento, habían sido donados a la Universidad de Caracas. De este modo la biblioteca fue repartida por Europa entre bibliófilos y libreros, que pagaron un total de 1.150 libras por los lotes subastados; una bagatela.

 


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Para darse de cuenta de la importancia de la biblioteca de Francisco de Miranda (que no era aristócrata, ni rico, sino un buen lector y gran bibliófilo), hay que compararla con la de otros contemporáneos suyos, españoles, cuya fama era notoria ya en vida.


Pedro Rodríguez de Campomanes, duque de Campomanes, ministro de Hacienda con Carlos III, tenía 4.995 volúmenes en su biblioteca, Giner Rabassa de Perellós, primer marqués de Dos Aguas, 1.500 títulos, Gaspar Melchor de Jovellanos, escritor, jurista y político, 857 títulos (1.300 volúmenes), el peruano Pablo de Olavide, intelectual y escritor, 450 títulos (839 volúmenes), Meléndez Valdés, poeta, jurista y político, 352 títulos (1.237 volúmenes), Antonio José de Cavanilles, sacerdote, botánico y  naturalista, 330 títulos (1.052 volúmenes), Jorge Juan, científico y marino,  400 volúmenes, el jesuita José Francisco de Isla, escritor, 180 títulos (800 volúmenes) y Teodoro Ardemans, pintor de Cámara de Felipe V, 277 títulos (334 volúmenes).