FRANCISCO DE MIRANDA, EL “INVENTOR” DE LA INDEPENDENCIA AMERICANA QUE LA HISTORIA HIZO INVISIBLE

 

 

FRANCISCO DE MIRANDA RODRÍGUEZ nació en Caracas en 1750, hijo de un comerciante canario, de La Orotava, y de una criolla. Estudió en la Universidad de Caracas hasta 1771, cuando embarcó en una fragata sueca rumbo a Cádiz con el objetivo de ingresar en el ejército español. En ese viaje iniciático comenzó a redactar el primer apunte de los diarios de su vida, que forman los 63 tomos, tamaño infolio, denominados “Archivo del general Miranda” (o, simplemente, “Colombeia”, como él los designaba), que abarcaron casi toda su existencia.


En 1772 compró en Madrid una patente de capitán del ejército español a Johanes Caspar von Turriegel, el alemán que propuso a Carlos III colonizar los parajes de Bailén y Sierra Morena, tarea que el rey encargó finalmente a Pablo de Olavide. Como capitán del Regimiento de la Princesa Miranda tomo parte en las tres expediciones más importante del ejército español en aquellas décadas: la defensa de Melilla (1774), la fracasada toma de Argel (1775), en ambas con el marino Alejandro Malaspina, y la toma de Pensacola (1781), en el golfo de México, que propició la derrota y posterior retirada de los ingleses de los Estados Unidos, tras la batalla de Yorktown.

 



Plano de Melilla, dibujado por Miranda en 1774

 

Como Miranda era un bibliófilo a machamartillo (viajó, desde que salió de Caracas, con parte de su biblioteca a cuestas y allí por donde pasó fue comprando libros que iban engrosando su formidable librería) y un lector empedernido, la Inquisición le abrió tres sumarias acusándole de libertino e inmoral. Pero su desgracia mayor fue la acusación que el ministro de Indias, José de Gálvez, hizo contra él por una cuestión que al cabo de los años se demostró que era falsa: haber enseñado el sistema de fortificaciones de La Habana al general inglés Campbell, que se encontraba en la ciudad tras haber sido hecho prisionero en Pensacola. 


Miranda fue el oficial que rindió las Bahamas en 1782 y que organizó el primer canje de prisioneros entre España e Inglaterra en Jamaica, siendo teniente coronel a las órdenes del teniente general Juan Manuel de Cagigal, gobernador de Cuba. Harto de ser un incomprendido, de ser encausado por la Inquisición y de ser un perseguido por Gálvez (que había ordenado su detención y envío a Madrid para ser juzgado de alta traición), abandonó La Habana en 1783 ayudado por su amigo Caigal camino de Carolina del Norte.

 

 


Carta de Cagigal dirigida a George Washington,
recomendando a su edecán Miranda

 

En EE.UU. Miranda -que llevaba cartas de presentación de Cagigal- conoce a George Washington, al general Knox (futuro ministro de la Guerra), a Thomas Payne, al marqués de La Fayette, a Alexander Hamilton, ministro de Hacienda (su figura está en los billetes de 10 dólares), al futuro presidente John Adams, a multitud de personajes influyentes en la historia norteamericana, y se inició en la masonería. Abandonó el país al conocer que Gálvez había dado orden a su comisionado en Filadelfia para que lo capturase y lo enviara a Madrid. Pero antes había elaborado un plan con el general Knox para invadir la América del Sur con una flota de barcos artillados y 5.000 soldados, liberar el sur del continente de la tutela española, declarar la independencia de lo que él llamó “La Gran Colombia” y establecer relaciones comerciales con todo el mundo.


Llegó a Londres en 1785 y allí coincidió con su amigo el coronel William S. Smith, yerno del embajador norteamericano John Adams, futuro presidente de los EE.UU. El embajador español, Bernardo del Campo, en aquel año, recibió una orden del secretario de Estado José Moñino, conde de Floridablanca, para que, de la forma que fuera, detuviera a Miranda y lo enviara a España. Pero éste, de manera astuta, dirigió un memorial al rey Carlos III exponiendo que era un perseguido sin motivo, que había entregado parte de su vida al ejército español sin obtener a cambio más que incomprensión, persecuciones, delaciones falsas y calumnias. Por todo ello pedía al rey que le diera de baja en el ejército y, de paso, le devolviera los 5.000 pesos que había pagado para comprar la patente de capitán.

 

 

COMIENZA EL GRAND TOUR

 

En agosto de 1785 Miranda, en compañía de William Smith, arrancó su Grand Tour (la madre de todos sus viajes, que duró casi cinco años) por Europa, iniciando el primer alto en Prusia para ver la gran parada militar del rey Federico el Grande, quien le invitó a una conversación en palacio. Durante los cinco siguientes años el teniente coronel del ejército español Francisco de Miranda recorre Europa con cartas de presentación que recibió en Londres de sus compañeros de masonería: así, lo mismo estaba con el compositor Joseph Haydn, que con el escritor Edward Gibbon, con el abate Guillaume Raynal (autor de la obra más perseguida por la Inquisición española, una historia de las Indias conquistadas por españoles y portugueses) o con el príncipe Gregory Potenkin. Al llegar a Rusia, en 1786, a los dos años de iniciar su gran viaje, Potemkim le presenta en Kiev a la zarina Catalina II y se convierte en su protegido; incluso, probablemente en su amante.

 

 


Coronel Smith, yerno del presidente Adams, y copia del recibo del préstamo que éste hizo a Miranda para su Grand Tour

 

Miranda, que llevaba un diario minucioso de sus viajes, donde lo mismo relata con bastante detalle cuando se dedica al fornicio (era un virtuoso de las artes amatorias) con las jóvenes que le procuran sus criados, que sus entrevistas o visitas a mandatarios y bibliotecas, jamás hizo referencia alguna a sus relaciones con Catalina II y eso mismo amplificó el comentario de que era su protegido. Ella le nombró coronel de Coraceros de su regimiento, le dio dinero y cartas de presentación para los embajadores de su país en las principales ciudades europeas, donde instaba a que incluyeran a Miranda en el listado de los miembros de la embajada, si éste lo solicitaba. Con este impulso, Miranda siguió recorriendo Europa por espacio de tres años más, tratando al rey Gustavo III de Suecia en su biblioteca de Estocolmo, al ministro de Exteriores danés en la suya o al prolífico abate Raynal en Marsella, donde el ex jesuita le ofrece que colabore en su última edición de su “Historia de las Indias”, propuesta que Miranda declina ya que quiere regresar a Londres.


Ha viajado durante casi cinco años por Europa, casi siempre bajo nombre y pasaporte falsos, es un políglota (habla español, francés, inglés, italiano, latín y griego) ilustrado que lleva siempre consigo una ristra de baúles con su biblioteca y quiere regresar a Londres para preparar una invasión de Venezuela y liberar el sur del continente americano del poder español. Por todos los países donde ha viajado los embajadores españoles han recibido un escrito de Floridablanca exhortando a su detención, pero siempre se ha escabullido.


En Londres (1789) conoce a Thomas Pownall, ex gobernador de las antiguas colonias británicas y ahora los Estados Unidos de América, y éste le conduce hasta el despacho del primer ministro, William Pitt, a quien informa de sus planes para invadir la América del sur, para lo cual demanda ayuda a su gobierno. En esta tarea, la de conseguir la ayuda inglesa para invadir el sur de América, pasa casi dos años, presentando a Pitt planes, cartografía de la zona, planos y mapas (algunos dibujados por el mismo), que interesan mucho al gobierno inglés pero que no acaban de concretarse en nada.


Harto de esperar una respuesta, en marzo de 1792 decide viajar a París para ver por sus propios ojos qué está pasando en Francia con su revolución. Allí traba amistad con los principales dirigentes (Pètion, Roland, Brissot, Dumouriez, etc.) revolucionarios, que le tienen en alta estima porque consideran que es un gran luchador por la libertad de los pueblos. A los cinco meses de estar en Francia, el ministro de la Guerra, Joseph Servan, le ofrece ser mariscal de campo de sus ejércitos, cargo que tras numerosas consultas con sus amigos acepta.


En septiembre de 1792 sale hacia Bélgica, donde el ejército francés (más de 100.000 efectivos) está luchando contra prusianos y austriacos. El antiguo ministro de Exteriores y de la Guerra, y ahora general en jefe de las fuerzas revolucionarias francesas, Charles François Du Périer, conocido como Dumouriez, le pone al mando de una división y en su primera acción de guerra consigue algo que hasta entonces ningún ejército había conseguido: que las tropas prusianas, consideradas las mejores del mundo, retrocedan en la batalla de Valmy y se den por vencidas.


El escritor Goethe, que estaba presente en el séquito prusiano, dijo en uno de sus libros sobre esta batalla:
-Aquí, y en el día de hoy, comienza una nueva época de la Historia Universal, y siempre podréis decir que estuvisteis presentes.

 

 


El diario The Times recogió en 1793 la noticia de la batalla de Valmy

 

GENERAL DE UN EJÉRCITO DE 70.000 SOLDADOS

 

El gobierno revolucionario le nombró, entonces, teniente general de sus ejércitos y le propuso, además, que dirigiese una expedición militar hacia América para liberar el continente, pero Miranda consideró que su puesto estaba en Bélgica, donde mandaba un ejército de casi 70.000 hombres. A las pocas semanas de llegar a Lieja, Dumouriez le ordenó tomar Amberes y Miranda cercó la ciudad, consiguió su rendición a cañonazos y se apoderó de todo un arsenal.

 

 


Nombramiento de Miranda como teniente general francés

 

De ahí recibió la orden de conquistar Maastricht, pero tras varios días de asedio no pudo conquistar la ciudad al recibir un ataque por la retaguardia que le obligó a replegarse. Dumouriez le mandó que avanzara y en Neerwinden fue sorprendido por los prusianos, obligándole a retirarse mientras sus tropas eran diezmadas. A su vez, Dumouriez, tras conocer que su ejército había sido derrotado, se pasó al bando enemigo, desertó, y dejó a Miranda como un traidor.
De vuelta a Paris el general venezolano fue acusado de traición y sometido a juicio por la Convención. El fiscal era el temible Antoine Quentin Fouquier Tinville, su abogado el joven Claude François Chaveau Lagarde (más tarde se haría famoso por ser el defensor, entre otros, de la reina María Antonieta), y los instigadores Maximilien Robespierre y Georges Jacques Danton, que pedían que Miranda fuera ejecutado en la guillotina por traidor. Fue absuelto en un juicio memorable (su amigo el antiguo diputado norteamericano, ilustrado y escritor Thomas Paine, el autor de más éxito en los EEUU -de quien se escribió que logró con su pluma tanto como el general George Washington con su espada-, que ejerció como testigo, hizo llorar a la audiencia cuando intervino en su defensa), pero no abandonó Francia porque fue meses más tarde detenido por orden de Robespierre, estuvo a punto de ser guillotinado y quedó en libertad cuando éste fue depuesto y ejecutado.

 

 


Orden de juicio contra Miranda en París

 

En Paris fue amigo íntimo de madame Roland (la viuda de un ex ministro de Exteriores que afirmó cuando subía las escaleras del cadalso, condenada a muerte sin motivo alguno: “Oh, libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”), de la célebre madame Custine, de la poetisa Helene María Williams, del poeta danés Jens Baggesen, de madame de Staël, trató a Napoleón Bonaparte (quien se refirió al caraqueño afirmando que era un Quijote sin locura y que llevaba el fuego sagrado en el alma), a Joseph Fouché, a François-René de Chateaubriand, etc. y escribió dos libros sobre la Revolución.


En 1798 se instaló de nuevo en Londres, desde donde pidió ayuda para su proyecto emancipador al ministro de Hacienda norteamericano, Alexander Hamilton, al de la Guerra, Henry Knox, y a su embajador en Londres, Rufus King, y de nuevo a William Pitt, que siempre le decía que su proyecto era muy interesante, que el gobierno inglés estaba interesado en apoyarlo, pero nunca concretaba nada. En 1800 regresó a Francia porque Miranda, que era una persona que otorgaba a su honor la mayor de las alturas, quiso reclamar al gobierno revolucionario las pagas que le adeudaban como teniente general de sus ejércitos.

 



Carta del presidente del Tribunal que lo juzgó, dirigida a Miranda. Le invita a una cena. A la derecha, pasquín en defensa del general escrito por Quatremère de Quincy, secretario de la Academia de las  Bellas Artes de Francia

 

Al llegar a París fue detenido por orden de Fouché, entonces ministro del Interior, encarcelado acusado de espionaje, y finalmente absuelto y expulsado del país. Volvió a Londres con sus baúles cargados de más libros en 1801, cuando Henry Addington era primer ministro, lord St. Vincent primer lord del Almirantazgo y Nicholas Vansittart canciller del Tesoro. Se hizo amigo de éste último y con él preparó otro proyecto para invadir América del Sur con la ayuda inglesa, que no pudo ver la luz porque cayó Addington y Pitt fue nombrado, de nuevo, primer ministro.

 

 

LA INVASIÓN DE SUR DEL CONTINENTE AMERICANO

 

Lejos de arredrase, Miranda se relacionó con empresarios británicos interesados en el comercio con América y obtuvo financiación para emprender su ansiada invasión. A finales de 1805 abandonó Londres rumbo a Nueva York, donde le recibió el coronel Smith, yerno del ex presidente Adams, su amigo incondicional con el que había comenzado veinte años antes su Grand Tour por Europa. En pocas semanas logra entrevistarse dos veces con el presidente Thomas Jefferson, con varios de sus secretarios (ministros), con influyentes congresistas, seguido siempre por la sombra del embajador español, Carlos Martínez de Irujo, marqués de Irujo, que sabía a qué había ido Miranda a los EE. UU. Y en febrero, con una fragata que había alquilado y que estaba artillada hasta los juanetes, comenzó la travesía Nueva York-Caracas para invadir el continente. Llevaba a bordo de la “Leander” una imprenta (Miranda probablemente introdujo involuntariamente la imprenta en Venezuela; antes de él, no existían máquinas de imprimir en su país), doscientos marineros que eran el embrión de su ejército colombiano –uno de sus edecanes es el nieto del ex presidente Adams-, uniformes y el diseño de una bandera, que años más tarde será la enseña de Venezuela, Colombia y Ecuador.

 

 


Proclama de Miranda de 1806 instando a la rebelión de los suramericanos para conseguir la independencia

 

En agosto de 1806 su incipiente ejército llega a las costas venezolanas (la expedición había incrementado, a su paso por Barbados y Trinidad, el número de barcos y de voluntarios) e invade el continente por La Vela (Venezuela), planta la nueva bandera y coloca pasquines en los que anuncia que la época de sometimiento a España se ha acabado y que pronto el continente será independiente, libre. Sin disparar un tiro, sale de La Vela cuando descubre que las fuerzas españolas están vigilando sus movimientos, y lo que había comenzado como la gran invasión acaba finalizando en una retirada.


Arruinado, se deshace de los barcos y se instala en Trinidad por espacio de un año, donde hace amistad con el marino escocés Alexander Cochrane y con el gobernador de la isla, el británico lord Thomas Hislop. Al cabo, regresa a Londres en enero de 1808, donde la prensa, especialmente The Times, le presenta como el militar más capaz de conseguir la independencia de los territorios españoles en América del Sur, si consigue la ayuda necesaria. En Londres retoma sus contactos con el gobierno inglés y establece una gran amistad con Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington,  con quien prepara lo que parece ser el último y definitivo plan de invadir América del Sur con ayuda inglesa.

 

 

EL DUQUE DE WELLINGTON Y LA INVASIÓN DEL SUR CONTINENTAL

 

El gobierno de aquel país, a la vista del panorama que existía en el continente europeo con Francia, creía que era mejor combatir a Napoleón en América y para ello tenía acantonada en York, Irlanda, una fuerza expedicionaria con 10.000 soldados que a finales de 1808 estaba a la espera de recibir las órdenes y partir comandada por Wellesley. Cuando todo parecía preparado (Miranda estaba flirteando con lady Lucy Hester Stanhope, la sobrina de Pitt, confiado en que su proyecto libertador se ponía en marcha en cuestión de semanas), los ingleses deciden que la fuerza de York ayudará a la Junta Central de España en su rechazo a la invasión de las fuerzas napoleónicas y el general se queda de nuevo sin planes.


Pero también en Caracas hay movimientos emancipadores y ha emergido una Junta que no reconoce a la España invadida por las tropas de Napoleón Bonaparte, y busca el apoyo de Londres. A tal fin, tres comisionados, Simón Bolívar, Luis López Méndez y Andrés Bello, salen para la capital inglesa no tanto para comunicar sus deseos tibios de independencia como para ofrecer a Inglaterra nuevos puertos a su comercio si les ayudan en su empeño. Bolívar conoce por primera vez a Miranda en Londres y se queda pasmado ante el personaje; tanto, que le propone regresar a su país y, a sus órdenes, comenzar el proceso emancipador a través de la Junta de Caracas, que es el nuevo poder local.


En 1810 Miranda regresa a Caracas como un héroe, la Junta le nombra Teniente General de los ejércitos independentistas, diputado en el congreso y, al final, generalísimo con todos los poderes. El general organiza el  nuevo ejército libertador y ordena la defensa de las principales costeras, ya que se espera un inminente ataque español.


En febrero de 1812 España envía a Caracas al capitán de fragata Domingo de Monteverde para sofocar la rebelión. Y en marzo de ese año se produce un gran terremoto en Venezuela que deja en la ruina a la capital, a Valencia y a otras muchas ciudades. Los sacerdotes católicos predican desde los púlpitos que Dios está castigando de esa manera la insurrección y el flamante ejército de Miranda comienza a perder fuelle ante el avance de las tropas españolas, que se nutren de muchos meapilas que temen el castigo divino. Entonces Miranda nombra coronel a Bolívar, pero éste falla estrepitosamente en la defensa de un punto clave, Puerto Cabello, y allí comienza el principio del fin. Con todos los poderes que ha recibido del congreso venezolano, Miranda opta por firmar un armisticio con Monteverde para ganar tiempo, replegarse, organizar la incipiente Armada e invadir de nuevo el continente tan pronto como le sea posible.

 

 


Calabozo donde estuvo preso Miranda en Puerto Cabello. Frente a la entrada hay un busto en su memoria. El contralmirante Pedro Pablo Paredes Gómez, izquierda,  conversa con Fermín Goñi

 

Cuando estaba preparando su salida del país, el 31 de julio de 1812 es apresado en la sede de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas La Guaira por su compatriota Bolívar (pensaba éste que Miranda abandonaba el país llevándose el escaso dinero que le quedaba al incipiente gobierno local) en compañía del coronel Manuel María de las Casas, comandante militar de la zona, y entregado a las fuerzas españolas. A cambio, Bolívar obtuvo un pasaporte para abandonar Venezuela, en un episodio oscuro sobre el cual Karl Marx dijo que fue el premio que De las Casas otorgó a quien tanto le ayudase en la captura de Miranda.


- Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la entrega de Miranda, escribió Marx que había comentado el comandante de La Guaira cuando firmaba el pasaporte.


Miranda fue apresado, ingresó en la cárcel de La Guaira, luego en la de Puerto Cabello, de ahí fue conducido al penal del fuerte de San Felipe del Morro, en San Juan de Puerto Rico, y de allí, volvió a Cádiz en enero de 1814, para ingresar en la prisión de Las Cuatro Torres, en San Fernando, Cádiz. Desde esta prisión intentó conseguir el indulto de Fernando VII, la ayuda de su amigo Vansittart, la del duque de Wellington y de sus amigos de la Logia de los Caballeros Americanos que él había fundado en Londres
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Hoja final de la carta dirigida por Miranda en 1813 a las autoridades de Caracas, reclamando su libertad

 

Cuando estaba a punto de recibir 1.000 libras para sobornar a los carceleros, huir a Gibraltar y de allí a Londres, le sobrevino una apoplejía que le llevó a la muerte un 14 de julio de 1816, día de la fiesta nacional de Francia. Fue enterrado en las marismas de la cárcel, envuelto en su colchón y mantas, sin que ninguno de sus sueños se viera cumplido, aunque ya había inoculado en sus congéneres el virus de la independencia americana.

 

 


Fuerte de San Felipe del Morro, en San Juan, donde estuvo preso el general

 



El diario londinense The Times en 1817 recogió

de nuevo  los avatares de Miranda